Cultivando felicidad y liderazgo en la ADR
Natalia Torres, periodista de la Oficina de Comunicaciones
Conversamos con varias de nuestras líderes mujeres en la ADR, quienes en medio de grandes responsabilidades en su día a día, son además mujeres muy espirituales que cultivan su felicidad hablando con Dios y dando amor en todas sus acciones, tanto en sus entornos familiares como con sus equipos de trabajo.
Una de nuestras líderes es la jefe de la Oficina de Comunicaciones, Marggy Andrea Villa Robles. Ella nos cuenta que es una tarea diaria que se refleja en todo lo que hace: “La felicidad la cultivo todos los días conectándome con el Creador de la vida, el amor de mis hijos y de mi esposo, y con el cariño de las personas que me rodean: mi familia, mis amigos y quienes me acompañan en el trabajo. Esa felicidad la transmito con fe y esperanza en cada espacio y en cada actividad en la que participo, aportando siempre, desde donde estoy, a los cambios y a la transformación del campo colombiano”.
La Oficina Jurídica de la ADR también está liderada por una mujer, Amanda Camargo. En su vida diaria, Amanda cultiva la felicidad “valorando las cosas sencillas del día a día, como compartir tiempo con mi familia, agradecer por lo que tengo y mantener una actitud positiva frente a los retos. También procuro cuidar mi bienestar emocional y espiritual, buscando momentos de tranquilidad, reflexión y conexión con Dios. Para mí, la felicidad se construye con gratitud, amor y propósito en lo que hago”.
En la Oficina de Planeación de la ADR, una mujer también es la líder: Diana Carreño. En su vida, el equilibrio es fundamental para cultivar la felicidad: “En mi vida procuro mantener un equilibrio entre mi propósito y los aspectos cotidianos de mi vida personal. Cultivo mi felicidad valorando cada momento, compartiendo con las personas que quiero y manteniendo siempre una actitud de gratitud por todo lo que la vida me permite aprender día a día. Soy consciente de que la felicidad no es algo permanente, sino algo que se cultiva con propósito, empatía y con la convicción de que lo que hacemos puede generar un impacto positivo en los demás”.
En frente de la Vicepresidencia de Proyectos y como directora encargada de la Unidad Territorial No. 3, está Eliana Zambrano, mujer barranquillera y muy alegre, con una sonrisa franca en su rostro, quien también disfruta de las cosas sencillas: “Cultivo la felicidad en escuchar, servir y sentir que mi trabajo tiene un propósito. Para mí, la felicidad no es algo grande o lejano, sino algo que se construye día a día, como la tierra misma. La encuentro cuando veo el esfuerzo de los campesinos dar frutos, cuando una comunidad avanza, cuando una familia rural tiene nuevas oportunidades. También la cultivo agradeciendo, aprendiendo de la sabiduría del campo y recordando que cada pequeño logro cuenta”.
Para estas mujeres, tener roles de liderazgo es también saber transmitir la felicidad a sus equipos, desde cada una de las acciones que lideran, manejan y cada decisión que toman.
Para Marggy Villa, “como mujer, siento la felicidad desde mi rol a través de una escucha activa y sensible a las necesidades de los demás, expresándome de manera asertiva y con un enfoque transformador que aporte a la paz de mi entorno y de mi país. Miro la vida con los ojos de una mujer que cree en cambios significativos, tanto para sí misma como para las personas que la rodean, entendiendo que la salud del alma, del cuerpo y de la mente es fundamental para construir un mejor país”.
Transmitir la felicidad, para Amanda Camargo, también es un ejercicio consciente de ser servidora pública: “significa ejercer la función pública con integridad, responsabilidad y vocación de servicio, implica garantizar que las decisiones jurídicas se tomen con transparencia, respeto por la ley y enfoque en el bienestar de las comunidades rurales, a través de un trabajo riguroso y ético, buscando brindar seguridad jurídica a los proyectos de desarrollo rural, contribuir a la confianza institucional y apoyar iniciativas que mejoren la calidad de vida de los campesinos y productores del país. Sembrar felicidad, en este sentido, es aportar desde el derecho a que las políticas y programas lleguen de manera justa y efectiva a quienes más lo necesitan”.
El servicio público también es la base para sembrar felicidad, para Diana Carreño: “Desde mi rol como Jefe de Planeación de la Agencia de Desarrollo Rural, sembrar felicidad significa contribuir, desde la planeación y la gestión institucional, a que las acciones de la entidad sean efectivas y se traduzcan en un verdadero mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades rurales. Implica trabajar con compromiso para que los proyectos, programas y políticas públicas se conviertan en oportunidades reales para los campesinos, las asociaciones productivas y las familias rurales del país”.
El bienestar de las comunidades con las que trabaja es una de las bases principales para Eliana Zambrano como líder: “sembrar felicidad es escuchar al campesino, respetar su conocimiento, gestionar proyectos que generen desarrollo y celebrar cada avance, por pequeño que parezca. Es entender que cuando apoyamos al campo, no solo fortalecemos la economía, sino también los sueños de muchas familias. Para mí, sembrar felicidad es dejar huellas positivas en el territorio y contribuir a que el campo florezca con justicia, oportunidades y bienestar”.
La siembra de felicidad en las mujeres líderes de la ADR es dar lo mejor de sí mismas, escuchar con amor a los demás, comunicarse con Dios, guiar a sus equipos desde el amor, para así construir un mejor país, llevar la oferta institucional a quienes más lo necesitan y dejar huellas positivas en las comunidades. Un ejemplo a seguir para el Estado.