Compartir Noticia

Del dolor de la guerra a la esperanza del campo: la historia de don Julio César

Del dolor de la guerra a la esperanza del campo Nota 3 (1)

Hay historias que reflejan las cicatrices que dejó el conflicto armado en Colombia. La de don Julio César Pérez es una de ellas. Como miles de familias campesinas de Córdoba y otros departamentos de la Región Caribe, vivió de cerca la violencia que marcó las décadas de los años 80 y 90.

La guerra irrumpió en su hogar con la desaparición de uno de sus hermanos, una herida que, con el paso de los años, sigue sin cerrar.

“Todo empezó con la llegada de los grupos paramilitares a la región. Eso también provocó el desplazamiento forzado. La primera masacre la hicieron en 1988”, recuerda don Julio César.

Su hermano mayor trabajaba en labores del campo y, con el tiempo, se desempeñó como arriero. Sin embargo, la violencia cambió el rumbo de su vida.

“Ese hermano de papá y mamá trabajaba en finca. Después supimos que era arriero, hasta que llegó la violencia. Mi hermano desapareció. Él fue víctima del conflicto y nunca lo pudimos encontrar”, relata con nostalgia.

Aunque hay heridas que nunca desaparecen, también existen historias que demuestran que siempre es posible reconstruir el camino.

Hoy, don Julio César hace parte de las 161 familias beneficiarias de un Proyecto Integral de Desarrollo Agropecuario y Rural (PIDAR) de la Agencia de Desarrollo Rural, impulsado por el Gobierno del Cambio. Gracias a esta iniciativa, cuenta con un galpón para la producción de gallinas ponedoras, una oportunidad que le ha permitido fortalecer su economía y mirar el futuro con optimismo.

“Tengo el galpón donde están las gallinas ponedoras. El programa ha sido beneficioso para nosotros”, afirma.

Más allá del apoyo productivo, don Julio César sueña con que las nuevas generaciones crezcan en un país donde la violencia sea solo un recuerdo.

“Nosotros queremos para nuestros hijos y para nuestros nietos un Estado sin violencia; un Estado donde se respete a las mujeres, se cuide a los niños, se protejan los animales, los ríos, el medio ambiente y la biodiversidad. Queremos un país donde podamos respirar paz”, concluye.

Su historia demuestra que, aun después del dolor que dejó la guerra, el campo colombiano sigue sembrando esperanza y construyendo oportunidades para las familias que decidieron volver a creer en el futuro.

Test Chatbot